LA ANSIEDAD: CÓMO FUNCIONA

¿Has vivido en alguna ocasión un ataque de ansiedad o alguien cercano a ti lo ha sufrido? Todos en algún momento de nuestra vida podemos experimentarla y es más común de lo que crees. Según una encuesta elaborada por el Ministerio de Sanidad y el Instituto Nacional de Estadística (INE), del total de la población española, un 7,36% padece ansiedad y suele ser más frecuente entre las mujeres (9,79%) que entre los hombres (4,79%). Por su parte, la OMS ha calificado los problemas de ansiedad como una pandemia silenciosa a escala mundial. 

¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?

Dicho esto, ¿cómo se produce? Cuando aparece un peligro, el cerebro pone en marcha mecanismos para afrontarlo. Todo comienza en la región de la amígdala cerebral, que va pasando la información al sistema nervioso simpático y parasimpático, y a la vez, a todo el organismo alertando de que algo pasa. Este mecanismo puede activarse cuando ya arrastramos el estrés a largo plazo, algo que ya forma parte de nuestro día a día y por lo tanto,  hace que estemos en constante estado de alerta. Esto es a lo que llamamos ansiedad. 

¿CUÁLES SON SUS SÍNTOMAS?

Los síntomas de la ansiedad son muy variables y depende de cada persona, pero hay una serie de señales tanto físicas, psicológicas y conductuales que son muy habituales y nos pueden ayudar a detectar un ataque de ansiedad a tiempo. Son las siguientes: 

  • Síntomas físicos: tensión muscular, ritmo cardíaco acelerado, mareos, dolor de cabeza, dolor estomacal, sudoración excesiva, fatiga, boca seca, temblores, náuseas, etc.
  • Síntomas mentales: preocupación constante, irritabilidad, dificultad para dormir, problemas de concentración, pérdidas de memoria, cansancio, tristeza, fobia o pánico, miedo a perder el control, indecisión, etc.
  • Síntomas conductuales: evitación, aislamiento, hiperactividad, bloqueo afectivo, alteraciones del estado de ánimo, tartamudeo, impulsividad, temblores nerviosos, tendencia a las adicciones, etc.

¿POR QUÉ SE MANIFIESTA?

Como hemos comentado, es un mecanismo universal que se da en todas las personas, totalmente normal y adaptativo, que mejora nuestro rendimiento y la capacidad de anticipación y respuesta ante el peligro, la lucha o huida. El problema es cuando desarrollamos ansiedad ante situaciones inofensivas o que no suponen una amenaza, ahí es cuando debemos prestar atención porque algo está fallando, y es cuando ya podríamos hablar de un posible trastorno de ansiedad. Cuando se prolonga durante meses o años, hablamos de ansiedad crónica. Su función principal es señalar lo que hacemos y lo que no va bien en nuestra vida. Nos brinda la oportunidad de entender qué es lo que funciona mal, por lo tanto se tiene que expresar y después, descifrar lo que nos quiere decir el síntoma, porque tiene una función en ese momento concreto de la vida de una persona. Debemos tener en cuenta que todos llevamos en nuestra espalda una mochila con historias y sucesos que nos han marcado, es por ello que nuestra mente a partir de todo aquello que vamos experimentando y también a partir de nuestras relaciones personales, va construyendo tejidos que a lo largo del tiempo, pueden predisponernos a sufrirla en mayor o menor medida. Algunas de estas causas y condiciones, son por ejemplo:

  • La manera en que nos hemos relacionado con nuestras figuras más importantes, como nuestra madre y padre.
  • La visión que hemos creado del mundo y de los demás.
  • Cómo nos hemos enfrentado a dificultades en el pasado y cómo desarrollamos la resiliencia
  • Los valores personales y objetivos vitales.

También se ha podido demostrar cómo las primeras etapas de la vida pueden jugar un papel determinante en esto. De hecho, hay estudios que afirman que existe una relación del estrés durante el embarazo o la etapa del bebé, con la ansiedad del adulto, ya que durante la gestación se van formando estructuras cerebrales que posteriormente se encargan de modular la respuesta ante los estados de ansiedad durante el resto de vida. También los traumas o problemas que se sufren antes de nacer, los perinatales y los que suceden los primeros años de vida, tienen una especial relevancia en la aparición de la ansiedad patológica cuando vamos creciendo. 

LA ANSIEDAD: CÓMO FUNCIONA

¿CÓMO PODEMOS GESTIONARLA?

Los dos tratamientos principales para los trastornos de ansiedad son la psicoterapia y en algunos casos, también requiere medicación de un profesional. Generalmente se trata de la terapia cognitivo conductual (TCC), que es a corto plazo y se enfoca en enseñar técnicas específicas para mejorar tus síntomas y poder gradualmente volver a tus rutinas y actividades diarias. Ahora bien, queremos proponerte 3 ejercicios prácticos que puedes utilizar en cualquier momento en el que experimentes ansiedad. Son los siguientes:

1 – Concéntrate en la respiración, fíjate en tu zona abdominal y nota cómo la fuerza de la gravedad atrae tu cuerpo. Conéctate con este momento de relajación durante un par de minutos, llevando la atención a cada parte de ti, tensa y destensa los puños, los brazos, los hombros, barriga… La respiración y la relajación muscular suelen funcionar muy bien.

2 – Escribe un diario emocional, este ejercicio es una forma de observar tu mente para que puedas reconocer cómo se manifiesta la ansiedad en ti, es interesante plasmar las reflexiones tan pronto sea posible o cuando ya estés más en calma, ya que en un futuro puede ayudarte a entender qué habría que cambiar para sentirse mejor.  Algunos ejemplos de preguntas que te proponemos pueden ser: 

  • ¿Dónde o con quién estabas justo antes de sentirte tan mal?
  • ¿Qué pensamientos o imágenes han venido a tu mente en ese momento?
  • ¿Qué emociones o sensaciones tenías?
 

3 – Salir a pasear al parque o por la naturaleza, puede ayudarte mucho a dejar atrás las preocupaciones. Hazlo con atención, siendo consciente de lo que observas. Se ha demostrado que con tan sólo 30 min caminando ya tiene beneficio para nuestra salud, porque es una forma sencilla que permite liberar tensión emocional y evadirnos de la rutina.