ENTREVISTA A IRIS OCHO.LUNAS

Pedagoga y Terapeuta

Creencias

Cuerpo

Ciclicidad

Reproducir vídeo

Dentro de las conexiones neuronales que existen en nuestro cerebro, hay una información de las vivencias que hemos experimentado durante toda nuestra vida.

Yo, con respecto a mi menstruación, la información que tenía en estas conexiones me decía: «la regla duele, la es sucia, la regla da vergüenza, la regla es tabú, no se toca, no se huele, no se prueba…». Cuando haces algo en contra de lo que dice esta información, cuando rompes con esta información, lo haces con un miedo atroz. Hay una línea que parece infranqueable, una barrera que nace desde esa información que te dice «no lo hagas, esto no está bien».

Para mí romper estos patrones significa, hacerlo, cagada de miedo, con la sensación de que «no está bien», pero aun así franquear esa línea. Y cuando lo haces, los miedos dejan de tener sentido. Cuando dejas de darle fuerza al miedo, y actúas a pesar del miedo, deja de tener sentido. Ahí es cuando puedes sanar un patrón, cuando hacer precisamente lo contrario a lo que has estado haciendo durante toda tu experiencia de vida. Actúas de manera distinta, tomas una decisión distinta. ¡Pero no pasa por casualidad!

Poco a poco respetando tus tiempos, escuchando tu cuerpo, sintiendo qué es lo que tu cuerpo necesita, deconstruyes los patrones que llevan a ese rechazo hacia la menstruación. ¡Haciéndolo!. Simplemente haciéndolo, cagada de miedo y con todos los miedos e incertidumbres. Demostrándote que eres creadora de tu propia realidad y no esclava de ese patrón.

Cuando yo decidí acompañar a mujeres, tenía un miedo atroz y el síndrome de impostora. ¿Quién soy yo para acompañar a otras mujeres? El juicio interno y externo que se retroalimentan, y que solo tú puedes cambiar. Solo tú puedes deconstruir eso y decirte: «¡Claro que lo haré, y lo haré con el corazón abierto, desde el amor y mi experiencia, nada puede salir mal!»

Cuando lo haces siendo coherente con lo que has vivido, cuando eres muy consciente de lo que puedes y no puedes ofrecer, de dónde están tus límites, entonces nada puede salir mal. En todas las relaciones que tengo y que me nutren a nivel personal y profesional, existen unos bloqueos. Cuando los detecto, cuando detecto la barrera que me estoy creando, sé que es por ahí.

El dolor a nivel cerebral es una somatización de una emoción que no abordamos, a la que no le estamos dando espacio, atención. Por ejemplo, yo tenía unas migrañas atroces y en mi cuerpo había una información que me transportaba a unas emociones que no atendía. Mi cuerpo se quejaba en forma de migraña. Pero cada mes tenemos emociones nuevas, que si no atendemos – que yo por ejemplo este mes no les he dado espacio – el cuerpo se queja.

El dolor no es más que una expresión del cuerpo que nos da la oportunidad de fijarnos y de poner la atención a una emoción que no se está atendiendo. Es ahí cuando vienen nuestros dolores crónicos, la tendencia de nuestro cuerpo a somatizar por un lado o por otro (nos duele la espalda, la menstruación, la cabeza). ¿Cuál es la emoción que está detrás y por qué no la estás atendiendo?

Este proceso muchas veces cuesta hacerlo solo, nadie nos enseña a escuchar nuestro cuerpo y a atender a nuestras emociones. Nos falta la gestión emocional. Déjate acompañar por tu familia, por tus amigos, por tu pareja, por una profesional. Hacerlo acompañado es un canal perfecto para poder mostrar la emoción, para que pueda salir, para que se ordene.

Hay muchas maneras de poder ordenar o expresar estas emociones (una charla, un dibujo, una carta…). Cuando le damos espacio a la emoción y la dejamos ser, sin batallar, viendo desde dónde viene y la tratamos con amor, remite ese dolor, mengua, deja de tener sentido.

Toda la zona de la boca está conectada con la vagina. Existe una relación directa entre la vagina y la boca. Cuando tienes un orgasmo, los labios de la boca se hinchan, pero también los de la vulva. Cuando estás ovulando, estás en tu punto álgido de la fertilidad, esos labios se hinchan también. Es mucho más fácil relajar la vagina cuando está relajada la boca. ¿Qué pasa? Cuando tenemos estrés, cuando no nos damos tiempo, por la noche apretamos la musculatura de la boca. Y como está nuestra boca, está nuestra vagina.

Hay prácticas que son asequibles para todo el mundo, son prácticas cortas y fáciles, que cambian tu vibra al momento. Cuando estás en la mente, estresada, seguramente la mandíbula la tengas tensa, seguramente la vagina estará tensa. Inhala y exhala, relaja tu vagina. Es un momento de consciencia y de alivio.

Hay un ejercicio muy fácil y transformador. Se llama: “El reset de los sentidos”. Sirve para cuando estás en la mente, en los patrones, en las creencias, en ese discurso al que muchas veces le damos fuerza y es el que alimenta nuestro día a día. Cuando detectes ese momento, frena. Frena. Inhala y exhala, abre la boca. Y ahora abre los ojos, y fíjate. Los ojos son el primer sentido. ¿Qué ves? ¿qué forma tiene? ¿qué colores?. Ahora vete al segundo sentido, el olfato. Todos los espacios tienen olores, pero cuando inhalas no te das cuenta de los matices. Inhala otra vez y siente los matices. Esto te da presencia, te baja de la mente, al cuerpo. El tercer sentido, el gusto. Pasa la lengua por tu boca. ¿A qué sabe?. Para a saborear. Ahora, ¿qué escuchas? Detente a escuchar. El tacto. Pasa los dedos por tu cuerpo, por la ropa, por un tejido. ¿Qué sientes?

La única persona que está, tu yo real, es el que siente, el que saborea, el que oye, el que toca… Todo lo demás es azotea, es mente. El momento más transformador de tu vida es cuando te das cuenta de que esa voz que habla en tu mente no eres tú. Tú eres el que escucha esa voz, no es tu voz.

Lo que me conecta con mi útero es mi rutina diaria de simplemente ponerme las manos en mi útero cuando me despierto y me voy a dormir. Yo hago el hoponopono, que proviene de la cultura ancestral Hawaiana. Se basa en cuatro palabras: lo siento, perdóname, te amo y gracias. Son las cuatro palabras con más poder vibratorio de todos. El simple hecho de ponerte las manos en el corazón (el de arriba o el de abajo, en el caso de las personas con útero), y empezar a decirte las cuatro palabras, comienzas con el hoponopono.

Tú, dentro, sabes el porqué de esas cuatro palabras. Lo siento, por ejemplo, por todas las veces que no te he prestado atención, por todos los años que he vivido sin conectarme. Perdóname, por todas las veces que no te he cuidado, por las veces que te he detestado. Te amo, porque así lo siento, por crear vida, por crear ideas, proyectos, con tu energía cíclica. Gracias, por estar conmigo.

Muchas veces pasa con las personas menstruantes que solo nos damos cuenta de que tenemos el útero cuando tenemos la regla. Si no le damos presencia, todos los días del ciclo, cuando nos viene la regla, no estamos conectadas, no sabemos escucharlo, no entendemos, no estamos vinculadas. Puede ser un minuto de tu día, no necesitas más. “Lo siento, perdóname, te amo, gracias”.

Hay más prácticas, por ejemplo, están los vapores vaginales. No son para todo el mundo, ni para todos los días del mes. No se pueden hacer, desde tres días antes de la menstruación, durante la menstruación, ni los tres días de después. Y siempre es aconsejable que vayan guiados por una profesional.

El vapor vaginal es una práctica ancestral que viene de Latinoamérica. Consiste en: hervir el agua, sacarla del fuego e introducir las plantas indicadas por la profesional (pueden ser diferentes para cada momento). Se tapan las plantas que están en el agua durante 5 minutos y empieza el ritual. Ahí, se prepara un espacio, el rebozo, mantas para proteger el calor. Se puede preparar una meditación para lograr conectar con el útero, con la sexualidad. La posición puede ser acostada, con las rodillas en el suelo e inclinada hacia delante. No hay una manera de hacerlo, es muy importante estar a gusto, saber qué y cómo te va gustando. Es tu momento de intimidad. Puedes estar durante 15 o 20 minutos. Y cuando termines puedes ir a la cama, taparte para que el calor se mantenga.

Es muy poderoso y es una experiencia increíble de conexión, que lleva a un estado meditativo muy fuerte. Es increíble para muchas cosas, para despertar la energía vital, sexual, para aumentar el flujo de la sangre en tu zona genital, para regular los ciclos… Pero debe hacerse siempre acompañado, porque estamos tratando una zona muy sensible a nivel corporal y emocional.

Cada planta tiene su poder, son sagradas, y exigen un respeto. Cuando estamos haciendo una práctica tan sagrada, requiere saber qué plantas utilizar y de dónde vienen.

La ira y la frustración eran las emociones que no podía gestionar desde pequeña. Recuerdo que cuando hacía gimnasia, cuando abría los brazos, sentía liberación. Para mí la mejor manera para liberar las emociones a través del cuerpo es moviéndolo. ¿Cómo? Escuchando tu cuerpo.

A veces, cuando me levanto necesito mover el cuerpo, porque siento que tengo emociones a las que no les estoy dejando espacio. Y entonces digo: ¿Y qué es lo que me está pidiendo el cuerpo? A veces es estirar la parte del corazón o el cuerpo entero. En plena crisis del dolor menstrual es maravilloso no quedarse acurrucada en posición fetal, el cuerpo te está pidiendo que lo abras, que te muevas. Abre la pelvis, muévete, estira toda la zona abdominal, escucha a tu cuerpo, es sabio. Si sientes una congoja en el pecho, por ejemplo, si tienes ansiedad, si tienes sensación de ahogo, hay un ejercicio que funciona muy bien. Es coger una pelota de yoga y dejar que tu cuerpo resbale hacia atrás, hasta que te quedas tumbada en la pelota, y te rindas a ella. Tus brazos y el corazón quedan totalmente abiertos.

Quizá habrá una mañana o tarde que dices, necesito sacudirme, porque estoy llena de tensión, porque tengo ira acumulada, porque estoy frustrada y quiero que se vaya. Y soltar, sin juicio. O ponerte una clase de baile capitaneada por una persona.

Es importante soltar, moverte, sin juicio. Cada día vas a tener emociones distintas y justamente por eso no te van a valer los mismos movimientos. Es importante ir probando, expresando y encontrando lo que necesites. El movimiento del cuerpo necesita que, antes de moverlo, estés muy atenta a lo que el cuerpo realmente necesita hacer. Y entonces puedes decidir.

En una situación de maltrato, el maltrato nace de nosotras, es un maltrato de ti hacia ti y del otro hacia ti, es algo que se retroalimenta. Poco cambiaría en lo que le propondría a una mujer.

Para mí cuando una mujer sufre un episodio de maltrato físico o psicológico, la respuesta es el empoderamiento. El empoderamiento para mí es liberación. Las cadenas no te hacen libre, y entonces en el proceso de romper cadenas la respuesta es: primero, busca ayuda.

Necesitas a alguien que te acompañe, no estás sola. No vas a ser toda tu vida una víctima, no te representa el rol de víctima, lo has vivido en tu vida y en tu cuerpo, lo has transitado, pero ya no te representa. Empezar a dejarte acompañar nutriéndote mucho de esa afirmación. Todas las afirmaciones o los inputs acaban creando nuestra realidad.

Ahora empieza a conocerte para poder aceptar quién eres, para poder saber quién eres. Si no sabes, te toca descubrirte fuera de ese contexto, que para ti ha sido natural, es una oportunidad maravillosa para empoderarte. Empoderarte, sanando las heridas del pasado, sabiendo cuáles son tus patrones, desde el cuerpo. Empoderarte es liberarte, es mostrarte al otro. En situaciones de maltrato muchas veces es lo que más cuesta, porque no sabes ni lo que tienes dentro para mostrar. Jamás te habías hecho esa pregunta quizás.

Imagínate que tu vida es un universo. Tú deberías ser el planeta que está en el centro y que estén a tu alrededor los planetas, estrellas, órbitas, otros astros… En una relación de maltrato tú estás orbitando un planeta que no eres tú. Aprender a colocarte de una manera distinta y tomar decisiones sobre tu vida desde tu centro, es todo un proceso. Pero puede ser algo tan sencillo como, cada día cuando te levantes poner las manos en el útero y decirle: “Lo siento, perdóname, te amo, gracias”. Esto ya te está moviendo una pieza de este engranaje para que seas el planeta que está en el centro de tu universo.

Déjate acompañar, deja que te sostengan y empieza a hacerte propuestas muy pequeñas, pero muy significativas de cambio de hábitos de discurso interno hacia ti misma. Sobre todo date tiempo y espacio para respetar tus tiempos. No te metas prisa. Estás en el momento en el que tienes que estar. Abrázate mucho. Ese poder de amor que has delegado nace desde ti y eres capaz de darte este amor a ti misma.