ENTREVISTA A HELENA NUALART

fisioterapeuta integrativa

Autocuidado

Alta sensibilidad

Cuerpo y emoción

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El cuerpo grita lo que la mente calla, por eso es fundamental cultivar momentos para ti, de autocuidado. Cuando cultivas esos momentos de presencia, ya no estás en ritmos frenéticos sino que eres mucho más consciente de lo que pasa dentro de ti. El autocuidado y los momentos de presencia te ayudan a conectar contigo para ver qué ocurre

El cuerpo está cada día diferente según lo que vivimos y de las emociones que van surgiendo. El cuerpo nos habla continuamente y si lo ignoramos, acaba gritando. El dolor es una señal para parar. Para no llegar a este punto, es necesario observar cómo nos sentimos. “Hoy me siento cansada” pues descansa; “Hoy me duele el cuerpo y tengo agujetas pero quiero ir al gimnasio” pues no vayas, tu cuerpo te pide descanso, “Hoy siento una presión en el pecho porque he tenido un día muy difícil” pues en lugar de ignorarlo, para, abre el pecho y respira de forma consciente. 

Dormir mal, tener insomnio, bruxismo, agitación, dolor de cervicales, dolor de cabeza, el cansancio… son pequeñas señales que impiden seguir con tu vida y es necesario atenderlo (o mejor incluso antes).

Si esto se alarga en el tiempo y se llega al extremo, el cuerpo puede llegar a responder con un ataque de pánico, bruxismo, síndrome de la fatiga crónica o fibromialgia…

El cuerpo es el canal a través del cual se expresan las emociones. Las emociones tienen una función y para llevarlo a cabo se lleva a través del cuerpo: si estás triste, tu cuerpo responde a ello; si estás enfadado, se aprietan los dientes, los puños, etc.

A través del cuerpo se expresan las emociones y nuestro cuerpo también es nuestra respiración. Se respira diferente según el estado de ánimo o la emoción que se siente. Podemos conectar con nuestras emociones a partir de ser conscientes y de analizar nuestra postura y nuestra respiración. 

Hay un ejercicio que consiste en poner los hombros rectos hacia atrás, la espalda recta y sonreír. Esta postura corporal no te permite estar enfadada. La postura es muy potente en la emoción y viceversa

Una Persona Altamente Sensible procesa la información tanto de dentro como de fuera, en el cerebro, de forma muy intensa. Los estímulos externos como la luz o los sonidos se perciben más intensamente por lo que “el vaso se llena antes”, es decir, te agobias antes. Las emociones también se sienten de forma más intensa, además que un rasgo característico de las personas PAS es la empatía. 

Es importante descansar bien y aprender a recargar la energía. A menudo se necesita un sitio tranquilo sin apenas estímulos y un estilo de vida más calmado. La escucha, la tranquilidad y la consciencia nos permiten conocernos y gestionar mejor nuestras emociones. Tener una rutina y unos hábitos centrados en el autoconocimiento facilita la gestión de la alta sensibilidad como puede ser reducir los estímulos antes de ir a dormir como el móvil, pantallas, luces, etc. El acompañamiento terapéutico también es de gran ayuda para llevar a cabo este autoconocimiento.

Una persona PAS no puede sentir menos, pero sí puede aprender a gestionarlo mejor.

Yo siempre entraba en Pinterest y al ver fotos bonitas, mi cuerpo y mi mente se relajaban, por lo que decidí compartirlo con la misma intención: parar, observar y respirar. Me quedé alucinada de la cantidad de mensajes de personas que se habían dado cuenta de que necesitaban parar

Sobre todo, las Redes Sociales son de rápida consumición y de ritmos frenéticos y rápidos. Las personas hemos adoptado un ritmo inconsciente que nos hace ir a muchas revoluciones sin escuchar a nuestro cuerpo. No se nos enseña a tenernos en cuenta, a ir despacio y escucharnos. Nos quieren productivas, y si no «haces, haces, haces» todo el rato, no vales. En las Personas Altamente Sensibles se acentúa todavía más esta culpabilidad por descansar.

Esta autoexigencia e inmediatez impuesta socialmente, crea una red social que perpetúa este ritmo.  

Los momentos presencia sirven para darse cuenta de parar y respirar. 

Para mí el autocuidado es fundamental, estamos todo el rato a ritmos frenéticos. Nos enseñan a dar, dar y dar y nos olvidamos de darnos a nosotras mismas. Muchas veces incluso cambiamos para gustar, nos cuidamos para los demás. Se necesita cambiar ese punto de vista. Voy a cuidarme, por y para mí, voy a tener un rato conmigo para ver qué es lo que me gusta hacer. 

A mí eso me costó mucho. Cuando iba a esos ritmos tan acelerados, me preguntaban: “¿Qué te gusta hacer?” y yo contestaba: “nada”. Realmente empecé a pensar y sabía que eso no podía ser así, “si yo de pequeña hacía muchas cosas”. A partir de aquí empecé a indagar y me di cuenta que me gusta hacer yoga, me gusta leer, me gusta hacer mis mascarillas, me gusta bailar, ponerme música, la naturaleza, los paseos. Me gustan muchas cosas. Todo eso es autocuidado. Como también es autocuidado pasarte todo el día en el sofá viendo una serie que te gusta o incluso con el móvil, si es eso lo que te apetece hacer realmente. Si un día necesitas eso porque no puedes estar de otra forma, está bien. Es hacerlo por y para ti, de forma consciente. 

Me encuentro mucho en las sesiones con personas que no son conscientes de sus emociones, que no encuentran o no saben cómo se sienten cuando pasa X cosa. No saben gestionar sus emociones. Casualmente esas personas no pasan tiempo con ellas, se  aburren mucho, cuando están con ellas mismas no saben qué hacer. Les hago una propuesta: ¿Y si pruebas, por ejemplo, a ritualizar una ducha y hacerla consciente? Estar presente mientras te cae el agua, ponerte crema tranquilamente cuando salgas, y regalarte ese mimo y calor. 

Empieza a ayudarte acercándote a ti y teniendo un ratito para ti, para conectar con tu cuerpo, para conectar con tus emociones y para recargarte de energía para poder cuidar. Porque no podemos cuidar si no nos cuidamos antes. Es como pedir a un teléfono que te dé todo lo que quieras sin enchufarlo por la noche. Llegará un momento en el que se quede sin batería y tú no le podrás pedir más a ese teléfono. Recargarnos por la noche está bien pero durante el día está bien tener esos ratitos de “hacia nosotras”, de cuidarnos por y para nosotras, haciendo cosas que nos gusten, para poder cuidar y poder seguir con el día a día.